Quién






Quién se piensa más vivo, si acaso.
El que sufre adolorido o el dormido que sueña.
Cómo pretender mañanas luminosas
Con tanto lóbrego ayer.
Con estas mis córneas empañadas
que la edad les nubló la distancia
No te alcanzo.
Aquí conmigo es donde no te encuentro
Y hasta cuándo ocurra el silencio soy.


.

Espero



Esta noche torrente

Tan callada de viento
como lo fue mi nombre

Distancia de fronteras
me derrotan de olvido
acento de cristales
voz de luz que me alcanza

La frívola promesa
perfuma los laureles
fecunda mis desiertos

He bebido las sombras
contenido las mareas
Mi piel vestida de sal
marchita los intentos

Voy las horas sin prisa
viene a mí la derrota 
Apenas agonizo.


.

De los abriles



En este tránsito de vida y muerte
y empezar de nuevo.

Cuando el sol deja de ser cristal
cuando las aguas despiertan
vuelve la duda sospechosa
del destino agazapado.

Los puentes se quedan, los ríos se van.
Las flores que volaron secas en el viento
vuelven a la rama, a su color
                       y son las mismas sin el fruto.

Primera verdad la vida
palabra que la nombra y la voz.

Hasta el obscuro silencio
inevitable y definitivo.

(abril 2014)


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Frutal



Desnuda espera que
hueles a mañana de huerta
piel de tierra, jade vivo.

Escurres por mis labios, cada vez,
como cuando el beso.



~

#5

Aunque cada cristal que traspasas
cada pupila adolorida me den cuenta o me reclamen.

En lo que busco y me basta
en lo que encuentro y me das
tengo razones como rutas en destino a tu cuerpo.

Estas manos andan pasos
mi voz que va palabra te llega en beso.

Soy para quedarme en tus bocas
para el sí de tu silencio y al fin dormir.



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#4



Me hago pradera para estar contigo
vapor que te ahoga, piedra de tus ríos
lodo que me embarro a tus tobillos.

Me rindo para llamarme musgo
en la voz que entiendo.

Disuelto en la llovizna que te salpica,
escurrido por las paredes que te alojan
en la gotera que te marca las horas
o en el vaho del anhelo por las tardes
para llegar contigo.



(de la serie Andina)

#2


No hay frontera que importe
a las mariposas, al plan de vuelo.
A lo que viene y vuelve 
a tí de viento
que anda la vereda
bordea los prados
mira de frente nubes. 

Y si acaso flores engarzadas 
le marcan un lindero
serán guirnalda.

Países en los cuerpos
y son el mismo, cuando
solo la luz, el velo
tus párpados en silencio.

Lo demás es externo
                  atmósfera.



(de la serie Andina)


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#3




Cuando he querido ser bruma que llega, 
gas que te alcanza, lluvia que flota.

Celoso el sol andino por tí
desde lo alto se entromete

Y no puede más que iluminar
nuestro abrazo de hierba mojada. 

El ahínco nos delata en el color
de los colibrís en parvada. 

Me falta pecho y retinas,
Luz de mi cielo en la montaña.
                para abarcarte toda.




(de la serie Andina)

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Mandala


Me gustas azul 
y que te esconda la hierba.
Que mires adentro, 
que vuelen insectos a tu alrededor.

  
En tu cuello, cascada derramada,
y en la espalda inundación.
Planeta que te mueves,
costa de mis continentes.


Luz y nubes de papel
piel de acuarelas.
Esfera de mi tiempo
y de mi espera. 


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#1




Así como la extensa nube viene
cegando de esta luz empapada.
cubriendo de si campos y verduras
como amenaza que te alcanza.

Aunque niebla parezca en la montaña,
marea de silencio que llamas bruma.
Soy el fantasma vivo que llega a Ti;
que te envuelve toda con mis brazos de gas.


(de la serie Andina)

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Ante el mar



Es comparecer ante la madre de cuando se es infante,
o ante el Dios que te bautiza de si mismo.

La misión del mar es saciarte todos los sentidos y al mismo costo.

Para tus ojos:
Es asistir al doctorado de azules que te deslumbran como espejos y que se parten horizontales en dos, a la máxima distancia para que en lo alto, se matice de jirones que debieron de ser blancos y que en esta hora derramada de luz, en esta tarde y frente a mi, agotan la paleta por completo.

Para tu nariz:
El mar es un tibio aliento que sin saber porqué lo reconoces y siempre se ha sabido que es el perfume de las sirenas.

Para escucharlo:
Es falso que baste con acercarte al oido un caracol. Necesitarías de todos los caracoles para imitarlo siquiera. Ese ronco rugido de un ola que revienta no lo pueden lograr aunque se pongan de acuerdo. Y para cuando deben sonar a espuma, desafinan.

Para tocarlo:
No puedes; es además inasible. El mar es el que te envuelve de elementos, de viento y sol, de tierra, arena y piedra, y toda el agua del planeta.

El sabor del mar te reclama, más que el gusto, que te guste! Todos los sabores provienen del suyo a riesgo de volverse desabridos. Y los que no, si acaso, podrás contrastarlos por su humor; los irritados picantes, el meloso empalago o el amargo amargo. No es casual que esas gaviotas y esas barcas
hayan salido de pesca a buscarse la merienda.

Y el mar es más.
El paraiso de cuento que llamaban Edén está aquí con todo y Eva, aunque este Adán se llame Andrés. Esta pareja de niños juegan a lo que son desde siempre. Ella contando uno por uno los granitos de arena que un charco movedizo le viene a revolver y a perder la cuenta. Él, tratando de empuñar un chorro de la misma arena que termina por escapar y disolverse en el mismo charco.

Al que no encuentro por aquí es al pecado. Sin duda se está haciendo viejo, ya habrá muerto. Vendrá con la noche o Se iría mar adentro,

.

Desde entonces




En las horas y las campanadas
en las sombras y los matices
en el acento, tu voz, en lo que dices
y en tus palabras perfumadas.

Te miro.


.

Aquí







Quiero asistir en mi jardín

al atardecer manso de estar juntos. 
Podar al jazmín, desterrar caracoles
enterrar semillas, olvidar difuntos.



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Amanezco



Me peino con los dedos la mañana
que en el abrazo desnudo nos prende.
Cubro tu espalda, le escondo al sol tus lunares
                                    y así te conservo.


Vestido de paz y con tu olor
cosecho las prendas evidencia
andando de regreso la misma ruta
que nos trajo aquí.


En ofrenda a tu sonrisa dormida,
al eco de las voces que aún
se escuchan con tu acento,
responde mi callado modo
de traerte el desayuno.


Bebo y beso el agua y a tu fuente. 
Te convences, ya despierta, de quedarte
y amanezco.


.

Llovido...



Me visitas de tarde en esta noche y apenas te das cuenta.

Las nubes me lo amenazan, las abejas se confunden,
los pájaros se apresuran y al final te delatan mis razones.

Llegas primero en tu aroma.
En una brisa incienso, exahalada y como el ansia
que se precipita en picada gota a gota hasta mi.

Aquí donde las piedras te llaman por tu nombre
y la hierba sabe a Ti.
Cultivamos el jardín de acariciar
desbaratándonos como los terrones.
Nos tiende y extiende la tierra fértil,
y la misma flor nos escurre.

Del tacto primero, a todos los sentidos que nos persiguen.
Cantan los charcos sin voz.
Resbala la luz en la memoria de la piel
y en las cortezas chorreadas.

Amainas de colores en mi sueño tras soñarte así, conmigo.
Nutridos a chubascos, elevados en vapores.

Y solo porque dijiste amar en la lluvia,
a la lluvia misma y lo que durara este aguacero.



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Mi silencio


En todos los momentos y en el recuento.
En los afanes, desde el pronóstico.

Aquí y en tus montañas.
En las nubes y las flores.
Como lo has visto.
Como en mi andar, como contigo.

En ese mar que nos meciera mansamente.
En la arena apisonada y en la senda de regreso.

Cuando se derrota al sol en tu horizonte
y ordenamos luceros y afianzamos la hamaca.

Cierro los ojos para mirarnos aquí.
Para descubrirte fuego y chispas,
al seguirte en las brasas y a tus brazos.

Te encuentro en las canciones.
Te cantan en ellas mis ansias.
Nos ventila la noche y nos abrigan tus alas.

Aun en los silencios y en mis ahogados lamentos.
Contigo me retumban los colores en los montes.
Las nubes cantan, las flores nos responden.

Suenan nuestras sonrisas, nuestros sueños.
La voz y el acento es suspiro,
canto de jilguero, piedras de río.
Amor que suena a llovizna, a brisa
a trote y pasofino.

Así se escucha en este enero
mi silencio.


.

De Madrugada.



A pesar de los sentidos que te extrañan,
además de los reclamos de esta ausencia.

Hasta donde alcanza esa cauda de cometa
y lo que dure esta penumbra sin Ti.

Te miro la luz, los ojos.
Casi te escucho en el acento de mi arrullo.

Te sigo en tantos pasos, en tanta ruta.
Vuelo de desearte hasta mi propio sueño,
a tu piel y los susurros.


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Aún



A cada instante,
en todos mis momentos
eres el esmero.

Aun sin voz y sin escucha,
solo en las palabras que migran
en las parvadas.

En las certezas que destellan,
aquí y allá fosforecentes
en la superficie de tu profundo mar,
en los boscosos zumbidos,
en los aleteos de tu ombligo.

Y Yo, un desvelado sueño vagabundo
de seguirte ansioso el rastro viperino.

Marisma de mi impaciencia
escalofríos en la espera,
silencio en el silencio

En el invierno, en los cristales.
Se escurren los témpanos, el hielo.


.

Así...


Ándate conmigo por la arena,
por las salinas y mis campos.
nombremos de igual manera
a todas las flores, a todas las especies.

Guardemos silencio por la tarde de la mano.
Perdamos la distancia, la apariencia.

Llévame a beber de tu fuente,
amanéceme en tu sol.
Lávame de tu conciencia
y mírame así...

Seamos tacto y antojo.
obsequio, aroma,
madrugada y agonía.

Mece mi recuerdo en tu seno,
casi ovillo de plumas,
casi semilla escondida.

En el siempre y tu corazón,
en tu ritmo y tus pasos
acompáñate de mi.

Escucha mi palabra
con tu propia voz.

.

Que te suene.


Tanto tengo que te quiero,
y tanto he querido ser canción.

Quedarme en el rumor, como una alondra.
El arco y el puente.
Ser voz de viento, de bronce.
Partitura de arrullo, latido arpegio.
Beso en tu silencio.

Que mi nombre Címbalo
te suene a cristal,
a escalofrío.



.

Como a la fuente.


Te escurres gota a gota de mis ansias
y el presente me amanece sin ti.
Tu ausencia es un charco evaporado
secando hasta mi voz en tu silencio.

Ando a ti como a la fuente y no te encuentro todavía.
Sigo tu rastro en el desierto de mis noches
y no te alcanzan mis pasos.

Persigo tu aroma en las magnolias,
el sabor de tu beso en mi sed,
tu perfil en mi horizonte,
tu vino y la aurora.


.

Burka.



Como la noche, como en silencio.
Voy de este abandono, a tu olvido
y en ambos hace frío.

Toda visión te contiene en velos.
te mantiene envuelta
en vapores y neblinas y nostalgia.

Te quiero aquí, conmigo.
En el cuerpo y la mañana, en el destello.
En nuestro camino y el destino,
en los instantes.

No te vayas del todo,
no me dejes todavía
en este desierto sin ti.


.

Cada día.


Me despierto de soñarte
cuando te acaricio en las obras.

Te abrazo en el agua,
te beso en el viento
cuando te miro en mi frente.

Pintas la mañana de flor,
me cantan las especies con tu voz.

Invades la idea y te guardas palpitando
en mi.


.✍

Ya viene.



Quisiera poder mostrar desde mi rostro,
solo el reflejo de la luz, que me viene de ti.
Gravito en las eras y la misma ruta,
marcando el tiempo en los despojos.

Son las estaciones que me vuelven y regresan.
Las fechas como las condenas,
me saludan de frío, me amenazan.
Se despiden y nos pesan a cada giro
de este carrusel desabrido de las costumbres.

Los paisajes me lo anuncian,
el cielo lo confirma.
La entraña ya lo conoce.

Están próximas las horas de la pena.
La sombra personal y mi nostalgia.

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Es Umbral


Eje de bisagra esta conciencia que me lleva, de aquí para allá y a veces de regreso.

Que te trae de contínuo y en el posible andar, haciendo la vereda o recogiendo ya los pasos.



Época y nueva aurora, parpadeo y acaso florecer.
Cerrarla y abrirte.
Toda puerta debiera llamarse Decisión y a veces,
Temor su picaporte.




Foto © Ma. Elena Aguilar Ituarte.
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Es Distancia.


Has dejado algo más que los aromas.
Tuyo conservo, atesorado
ese reflejo que te repite de noche,
que me despierta con sed.

El sueño de mis manos,
el beso de mi voz.
Lo que te busca mi piel
y te extrañan mis días.

Te llevan las fechas,
y no te alcanza mi intento.


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Octubre.


Mis orquídeas se pintan de pretexto en este octubre anfitrión que nos aloja.
Haciendo malabares de planetas, te confundes con el sol y la mañana.
Vamos del apetito al antojo, del saludo a la razón, del abrazo a la verdad y de mis sentidos a tus horas.
De tu noche a mi sorpresa van el sueño y el abrigo, lentamente con destino al despertar.

Queda un eco de tu voz, al que responden las aves.
Suena a gemido, a canción, a tu nombre. A rumor de mar,
a olas que rompen en tu piel al tacto de mi boca y mi extensión.

Dejas tus rastros de lo cierto. La huella de tu paso en mis empeños y este afán, que se presenta en sueños y se nota al despertar.


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Me doy...!



Te he dado el corazón y su espacio,
la noche y el sueño.

Te di mis manos con su sombra
y no me bastan abanicos,
palmas, ni palmeras.

Pude darte mi voz en adjetivos,
el chispazo de color y la ceja entera.
Darte el fresco y el abrigo,
los brazos, el respeto.

Que reclames propia la huella de carmín
y la manta y el olor en la cocina.

Tienes ya mi clave, mi valía.
Tuya es la alfombra y la flor.

Ya te di la que fuera mi calma
y su autoría.

Algo me quedo conmigo
y es esta gana de ti.

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De nuevo.



Vuelve un hambre de ti, como de eucaristía.
Una extensión en mis brazos, de ansiarte,
una derrota en los ojos de imaginarnos así.

Hambre y sed de piel al descubierto,
de escucha y abrazo y sueño.
De tu sonrisa a oscuras,
de beso andándote la espalda.
De peinar tus cejas y perderme en tus pupilas.

Dibujar con la yema de mis dedos
el borde de tus labios y el antojo.
Abanicando intenciones y caricias.
Ir y venir del ombligo a tu boca y respirarte,
para volver a sumergirme en ti.

Llevarte las noticias de tu cuerpo a la conciencia.
Desde el sueño a la hierba. Del aroma a la brisa que suspiras
y de mi aliento, a tu respuesta.

Es el tiempo del cultivo,
de labrarnos el amor del cuerpo y de la huerta.
De barrer los otoños que nos cubren el andar.

Viajar pausado de regreso.
De lunar en lunar, deslindando el horizonte.
Cosechando escalofríos.

Ya amenaza la humedad que no soporta continentes.
Que de sabernos juntos, sabe su razón y su destino.
Que revienta en chubascos o en torrentes,
barruntando carcajadas de anís y de montaña.

Suena a canción de madrugada!
a memoría y evidencia,
a sábanas pudores del aquel nosotros
y a rastros de merienda.

Son los episodios de los sentidos,
el estar en ti que me propongo.
El reclamo de la flor a la que urgiera la mañana.



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Mi Capitán


Avispero de tus venas, en tu cuerpo cicatriz.
Surtidores de la vida como fuentes circundantes,
derramándote gota a gota las arterias.

Tu rostro sereno, brillante
aleteando las edades de tus sienes alteradas,
lastres silentes de pasados evocados.
Atentas novedades de tus afanes.

Voz de mando apagada y el paso firme,
hoy vuelto ya mecánico.
Muchos soles salpicados a tu espalda
y en la frente, siete cometas nacarados.

Dos tenazas abatidas
pendientes de la cruz que te sostiene,
levantan vuelo por si solas.
Libres transportes de tus derrotas.

Cuatro azucarados pedestales te dan sustento
al vuelo y la inquietud,
a la ternura y la fortaleza.
Tres estandartes enarbolas orgulloso,
Tres batallas, tres victorias selladas de tu nombre.

Un grito conjuro pecho adentro
de tu propia patria, de tu propia militancia.

Mapa curtido, palma protegida.
Dos historias, potencias de ventrículo
que en tu entraña se acompasan.

Boca que calla. Dardos marrones parpadeando.
El ronco despecho digerido
en la ensalada de sedas y vinos viejos,
rojos y profundos.

Arrebatados linajes de los hoy de siempre
y siempre mañanas de investidura.
Siempre el genio y por siempre la figura.


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