
Vuelve un hambre de ti, como de eucaristía.
Una extensión en mis brazos, de ansiarte,
una derrota en los ojos de imaginarnos así.
Hambre y sed de piel al descubierto,
de escucha y abrazo y sueño.
De tu sonrisa a oscuras,
de beso andándote la espalda.
De peinar tus cejas y perderme en tus pupilas.
Dibujar con la yema de mis dedos
el borde de tus labios y el antojo.
Abanicando intenciones y caricias.
Ir y venir del ombligo a tu boca y respirarte,
para volver a sumergirme en ti.
Llevarte las noticias de tu cuerpo a la conciencia.
Desde el sueño a la hierba. Del aroma a la brisa que suspiras
y de mi aliento, a tu respuesta.
Es el tiempo del cultivo,
de labrarnos el amor del cuerpo y de la huerta.
De barrer los otoños que nos cubren el andar.
Viajar pausado de regreso.
De lunar en lunar, deslindando el horizonte.
Cosechando escalofríos.
Ya amenaza la humedad que no soporta continentes.
Que de sabernos juntos, sabe su razón y su destino.
Que revienta en chubascos o en torrentes,
barruntando carcajadas de anís y de montaña.
Suena a canción de madrugada!
a memoría y evidencia,
a sábanas pudores del aquel nosotros
y a rastros de merienda.
Son los episodios de los sentidos,
el estar en ti que me propongo.
El reclamo de la flor a la que urgiera la mañana.
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